Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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ABORTOS EN CÁDIZ


Aunque es evidente que la intención de la ofensiva de la jerarquía católica, y de diversos grupos que se creen con la exclusividad en la defensa de la vida, es evitar el ejercicio de un derecho legalmente reconocido, han conseguido, al menos, hacer visible la realidad del aborto. Durante años, sin que se hablase de ello, casi en una semiclandestinidad que muchos querían vergonzosa, se han venido practicando abortos. También en Cádiz. El debate sobre el aborto, con una débil argumentación científica que da por presupuesto cuál es el origen de la vida, suele rondar alrededor de la moral, pero decide ignorar qué problemas llevan a una mujer a abortar.

Publicaba La Voz que, en 2006, abortaron en Cádiz 2100 mujeres, de las que 403 eran niñas y adolescentes de 10 a 19 años, 72 menos que el año anterior. Detrás de esos datos hay otros tantos dramas personales y el fracaso de toda la sociedad para practicar una sexualidad responsable. Es decir, informada. Lúdica, divertida, segura, libremente elegida, reproductiva sólo cuando así se decida. Lo que lleva a callejones sin salida es estar en contra de la prevención de embarazos por la información y los medios anticonceptivos, porque dicen que incitan al consumo sexual, y criminalizar después a las víctimas de esa falta de información y medios. Toda una encerrona que merece alguna solución más realista que la católica invitación a la castidad, que estará muy bien para quien la elija pero no para los demás.

Falta que se haga esa abstracción de la moral para reconocer al aborto como la intervención quirúrgica que es. Es decir, algo doloroso, no apetecido por nadie. A ninguna mujer le gusta abortar. El Tribunal Constitucional se pronunció, en sentencia de 1985, diciendo que el aborto provocado está dentro de la Constitución, y en 1999, aclarando que “los no nacidos no pueden considerarse en nuestro ordenamiento constitucional como titulares del derecho fundamental a la vida”. Difícilmente pueden ser las mujeres que abortan, como se las calumnia, ni asesinas ni estar contra la vida.

El debate sobre cuándo comienza la vida omite, interesadamente, que hablamos de vida autónoma. Evidentemente, una célula de una persona está tan viva y es tan humana como su páncreas, pero ni una ni otro pueden sobrevivir por separado. También el feto, aún estando en ese mismo sentido vivo, no deja de ser sólo una posibilidad futura de vida autónoma. De momento, una parte del cuerpo de la mujer. Ya dirá la ciencia, con cada progreso científico, cuándo esa posibilidad se convierte en vida segura. Mientras, la madre elige entre su propia vida y la posibilidad de otra vida. No diré que, en esta simplificación, esa elección sea como decidir operarse un órgano importante pero sí que merece el mismo respeto. Nadie está a favor del aborto, como nadie se declara partidario de las endoscopias. Lo que se defiende es poder decidir sobre lo que aún es el propio cuerpo y sobre el mejor momento para la propia maternidad. Sobre la vida, en suma.

El 97 % de los abortos realizados, dentro de los tres supuestos despenalizados, fueron por peligro para la salud de la madre, que no exige plazos. Lo que hace sospechar que detrás de esta supuesta persecución del aborto ilegal está sólo una coacción sobre el legal. Un abuso del derecho para dar un escarmiento moral.

Para abortar es imprescindible una autorización explícita de la mujer, que en las menores firman sus tutores. Nadie las puede obligar a abortar. Es en el ámbito exclusivamente privado donde la mujer decide eso, de acuerdo con su propia moral. Entiendo que quien sea católica no aborte nunca pero, ¿por qué se le quiere imponer un mandamiento católico a quien no lo es?.

Me cuentan que, recientemente, vieron en una de esas cuatro únicas clínicas que realizan abortos en la provincia de Cádiz a chicas muy jóvenes que estaban allí solas. No las acompañaban sus tutores, que habían firmado esa intervención. Esa moral obligatoria que algunos reivindican no hace más que añadir aislamiento social e incomprensión a una decisión personal difícil. Y no deja de ser una intromisión intolerable.

Artículo publicado en "La Voz de Cádiz" el 29 de Enero de 2008

20:44 | ruiztorres | 0 Comentarios | #

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