Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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TRÁNSFUGAS

Sin duda seguirán existiendo tránsfugas mientras todos (quiero decir todos) los partidos no asuman que mantener o acoger a un tránsfuga termina, tarde o temprano, por perjudicarlos. Cualquier empresa privada huiría de asociarse con alguien que no le garantiza su fidelidad, ni que vaya a cumplir los contratos que firma ni que pueda pasarse a la competencia en cuanto ésta le aumente la oferta. Si los rendimientos se mirasen también en política a largo plazo verían como no es tan rentable. Porque el tránsfuga que les beneficia hoy termina, de tan premiado, reproduciéndose en cualquier otro que les perjudica en otra legislatura. Hablo, como ven, tristemente, sólo en términos de balance de empresa. Más grave es la traición al electorado que supone entrar en estos trapicheos que engordan la abstención.

Cuando bajamos a analizar casos concretos tenemos un problema de definición. Parece claro que alguien que se presenta en unas listas defendiendo un proyecto concreto y, una vez elegido, se sale del mismo para apoyar otro está quebrantando la voluntad de sus electores. Según el Constitucional, los representados no pueden ser cesados por ninguna voluntad distinta al propio electorado, pero no hay mecanismos para que éste se pronuncie cuando no se está cumpliendo su voluntad. Para el diccionario, un tránsfuga es el que se pasa de un partido a otro. De modo que si, como suele ocurrir, alguien que le reduce representación a su partido para dársela a sí mismo, sin irse a ningún otro sitio, no sería técnicamente un tránsfuga. Cuando se firmó el Acuerdo Antitransfuguismo, en julio de 1998, no se definió qué era un tránsfuga. Hubo que esperar a la Segunda Adenda a ese Acuerdo, en mayo de 2006, para presentar una definición tan exhaustiva que deja fuera muchos casos de clara estafa electoral. Para llegar a tal hay que, además de traicionar a los compañeros de lista, apartarse del criterio de los órganos competentes de las formaciones que los presentaron o ser expulsados por éstas, y pactar con otras para “cambiar o mantener la mayoría gobernante en una entidad local”. Con igual consideración, para quienes pacten impedir ese gobierno a la mayoría.

Según esa definición, los concejales de Izquierda Unida de Chiclana, a pesar de que usan votos incluso nominalmente de izquierdas para apoyar un gobierno conservador, no son aún tránsfugas. Alcanzarán esa ominosa categoría cuando sean expulsados del partido, resolución que, en un sentido u otro, debiera haberse producido hace tiempo. Y, por la misma rigurosa definición, tampoco sería, técnicamente, un tránsfuga el exalcalde portuense, Fernando Gago, mientras no pacte con los populares. Ahora bien, si esa colaboración no llega a formalizarse pero se produce de hecho, con una reiteración previsible, ¿no hay transfuguismo?.

Como consecuencia del Pacto se modificó la Ley de Bases de Régimen Local que, en su redacción de 2003, dice claramente que “los derechos económicos y políticos de los miembros no adscritos no podrán ser superiores a los que les hubiesen correspondido de permanecer en el grupo de procedencia”. En este mismo sentido, el Pacto firmado en 2006, dice que “un nuevo reparto proporcional en la composición de las comisiones ni puede perjudicar al grupo que sufrió disminución de efectivos ni beneficiar al concejal no adscrito más de lo que suponía su situación anterior”. En el Pleno del jueves pasado, se modificó la composición de las comisiones informativas, de modo que Fernando Gago estará en todas, cuando antes sólo estaba en Cultura, lo que ya le supone un beneficio político. Como en esas comisiones el voto es ponderado, su antiguo Grupo, Independientes Portuenses, pierde un voto, pasando de 4 a 3, lo que supone un perjuicio político. Está claro que esta situación incumple literalmente lo firmado. Y que sería un incumplimiento también formal si existiera pacto de gobierno. Agarrarse a que no se concrete por escrito no deja de añadir más fraude al electoral que ya existe. Si se firmó ese Pacto antitránsfugas para que éstos abandonaran la política, no tiene sentido que se les proteja con interpretaciones torticeras del mismo. A menos que se estuviera pensando, entonces, sólo en los tránsfugas que benefician a los otros. Esos, fuera para siempre.

Artículo publicado en "La Voz de Cádiz" el 18 de septiembre de 2007

22:18 | ruiztorres | 0 Comentarios | #

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