Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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EDUCACION PARA EL RESPETO


En una serie que recientemente emitió La 2, de TVE, y un canal tan poco escandaloso como Disney, una chica acaba de tener trillizos de un conde con el que convive maritalmente sin casarse en una casa repleta de menores, a pesar de que el buen hombre está casado con otra que, a su vez, ha reconocido que ya estaba casada antes, añadiendo la condición de bígama a este catálogo de iniciación a la vida misma. Existiendo en nuestro país un voluntariado moral tan militante, es curioso que esta Floricienta no haya desatado ninguna reacción furiosa en contra, no sé si porque en esto de la moral parece poder más el envoltorio que el contenido, sin palabrotas y bastante ñoño a pesar de tan promiscuo argumento, o porque ese final feliz que les permite poder casarse al fin por la Iglesia, borra de la memoria, como ocurre en la realidad, los pecadillos anteriores. Este ejemplo de hipocresía colectiva me sirve para intervenir en el inflado gran debate nacional sobre la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, que así se llama la asignatura que, siendo tan necesaria, parece provocar tanto rechazo.

En el Preámbulo de la Ley Orgánica de Educación se declara la única finalidad de la asignatura: reflexionar sobre el funcionamiento de un régimen democrático y los derechos establecidos en la Constitución y las declaraciones de derechos humanos, así como sobre los “valores comunes” de la ciudadanía democrática. Nada más. De hecho, en el articulado de la LOE sólo se dice que “prestará especial atención a la igualdad entre hombres y mujeres”. Principios que no creo se atreva nadie a discutir a estas alturas. Todo lo demás, desarrollo curricular incluido, se puede y deberá elaborar dentro de esos principios. De modo que, salvo que se esté en contra de explicar lo que supone la Constitución y los derechos humanos, incluido el de igualdad, no entiendo los anuncios de la oposición popular de eliminar en el futuro esta asignatura, que se ha quedado tan inocente, en lugar de dotarla de contenido. Eso ya ocurre ahora: una Circular de la Secretaría General de Educación a la Federación Española de Religiosos de Enseñanza, les permite “completar, concretar y desarrollar” los contenidos de la asignatura según el ideario del Centro. Así que en centros católicos, incluso en los concertados, mantenidos con fondos públicos y alumnado por zona, se estudiará con textos escritos por católicos que, ya verán, se cuidarán muy mucho de entrar en los temas controvertidos de los modelos de familia. Conseguido ya esto, el que continúen las protestas desde organizaciones católicas sugiere que se pretende que tampoco se enseñen en los centros públicos. Imponiendo así una moral propia, la católica, y negando siquiera la posibilidad de que existan otras.

La Conferencia Episcopal ya ha denunciado que la asignatura pretende “la formación de la conciencia moral” de los alumnos. Evidentemente. Creo que es una obligación del Estado aconfesional formar una moral común de todos los ciudadanos, con independencia de la que puedan tener individualmente. No deben, ni tienen por qué, estar una en contra de la otra. Pero donde choquen, deben prevalecer los valores comunes que nos hemos dado para la convivencia. Básicamente, el respeto. Que es mucho más que volvernos a tratar de usted. Nadie puede invocar razones de conciencia para discriminar o menospreciar a alguien porque su comportamiento no entre dentro de la doctrina católica. De esa discriminación nos protege el Código Penal pero debería también hacerlo una misma moral compartida.

Con datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, en el 2005, un tercio de los matrimonios fueron civiles, más del 26 % de los nacimientos fueron de madre soltera, casi el 10 % de los hombres que se casaron estaban antes divorciados, había más de 350.000 familias monoparentales o un 1 % de esos matrimonios fueron entre personas del mismo sexo. En muchas de estas situaciones de nuestra realidad, que aquí mismo un articulista insultó llamando “familias raritas”, hay niños que van a clase. Se merecen que sus compañeros, y la sociedad entera, no juzguen a sus padres y los traten con respeto. Que les enseñen eso.

Publicado en "La voz de Cádiz" el 3 de julio de 2007

20:21 | ruiztorres | 0 Comentarios | #

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