Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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INFRAVIVIENDA EN CADIZ


Entró en vigor, el pasado martes, la Ordenanza Municipal para la Erradicación de la Infravivienda en Cádiz. Titulada así, con esas mismas mayúsculas de sobrada inmodestia. Para empezar, estaría bien que nuestros políticos tuvieran un uso menos pretencioso del lenguaje para evitar crear unas expectativas excesivas en la población. Dicho sencillamente: es imposible que el Ayuntamiento de Cádiz vaya a erradicar, es decir arrancar de raíz, la infravivienda del municipio porque carece de medios. Y, por lo que se ve, maneja además un análisis demasiado simplista del problema. No tiene en cuenta que las circunstancias de la infravivienda en el casco histórico de Cádiz han cambiado mucho desde el decreto 78/99, de “intervención” -calificada así, más razonablemente-, de la Junta. Sin embargo, la nueva Ordenanza no deja de ser una respuesta, muy tardía, a ese mismo decreto.

Todavía hoy, el grupo popular del Ayuntamiento califica como “decretazo” aquella norma que sigue modificando positivamente la habitabilidad del centro. La alcaldesa Martínez, en su página web electoral, denunciaba que la Junta asumió allí, “con carácter exclusivo”, las competencias de rehabilitación, quitándoselas al Ayuntamiento, lo que se presenta como una afrenta particular contra Cádiz, aunque el mismo modelo se aplique en otras 27 poblaciones andaluzas. Quien lea el decreto verá que no existe esa exclusividad. Y prueba de ello es la publicación ahora de esta Ordenanza o el propio programa de rehabilitación municipal, que ha venido funcionando sin reclamaciones de competencia por la Junta.

La Ordenanza aporta pocas novedades con respecto al decreto: los beneficiarios son los mismos, así como la condición, en ambas, de volver a las casas después de las reformas. Aumenta la prohibición de venta a diez años. Sorprende, en cambio, que en la definición del concepto de infravivienda copie exactamente lo que dice el decreto, cuando en un Pleno de octubre del pasado año, el grupo popular, en una enmienda que sustituía otra de IU, exigió a la Junta que definiera lo que es una “infravivienda”. Si ya les parecía entonces suficiente con lo que dice el decreto, sobraba la exigencia, y si la definición del decreto les parecía insuficiente no parece lógico que ahora la usen. En cualquier caso, han perdido una magnífica ocasión para dar una interpretación propia de una vivienda inhabitable, ampliando el concepto, y quizás así, los beneficiarios de las ayudas. Si éstos ya las pueden pedir a la Junta, no está muy clara la necesidad de crear otras oficinas paralelas, salvo que lo que se quiera es protagonismo. Pero incluso éste será, por fuerza, menor. Por medios. Frente a los 130 millones gastados o aprobados por la Oficina de la Junta desde que empezó el programa, sólo en infravivienda, pues hay otros casi 28 millones más en otras actuaciones de rehabilitación, el Ayuntamiento presupuesta unos 300.000 euros. Como sus ayudas son de hasta treinta mil euros, dan para diez viviendas al año. Eso supone mejorarle la vida a diez familias, nada menos, y está muy bien, pero no se puede entonces criticar a la Junta por su lentitud. Hay que ser sinceros con la gente. La nueva Ordenanza no sólo no va a erradicar nada sino que tampoco va a acelerar, apenas, la rehabilitación.

El problema es otro. La rehabilitación, además de sus beneficios directos, ha supuesto revalorizar el casco histórico. Con la mejora, se hace atractivo para muchos, de mayor capacidad adquisitiva, vivir allí. Y con la nueva demanda, los pisos se han encarecido. Cada vez es más difícil encontrar fincas que quieran dejarse rehabilitar por las administraciones porque empresarios privados ya ofrecen hasta el doble de lo que aquellas dan para ayudas. Es el mercado, pero hay que vigilar que esos negocios no se hagan a costa de la seguridad del edificio. Otros prefieren no hacer obras, no prorrogar los alquileres y sacarlos luego al mejor postor. El proyecto puede morir de éxito si esas presiones se vuelven contra los vecinos. O se permiten rehabilitaciones que parecen diseñadas por un decorador de la Disney. Podemos llegar a tener un centro de falso pastelito dieciochesco perfectamente vacío porque lo compraron sólo para especular o para tercera o cuarta residencia. Alguien tendría que defendernos de todo eso.

Artículo publicado en "La Voz de Cádiz" el 26 de junio de 2007

23:12 | ruiztorres | 0 Comentarios | #

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