Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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HOMBRES POR LA IGUALDAD


Es importante que el Pleno del Ayuntamiento de Cádiz aprobara por unanimidad medidas contra la violencia de género porque saca esta lucha de la confrontación política y porque, para eso, no renuncia a reivindicar la mejora de los instrumentos que ahora mismo hay, básicamente alrededor de la Ley Integral de Violencia de Género. Ahora hay que trabajar en aplicar esa unidad. Todos nosotros en nuestra vida cotidiana. Porque este terrorismo social se perpetra en la intimidad pero ante cientos de testigos. Demasiadas veces ciegos, mudos e indiferentes. Como ocurre con las guerras televisadas que, de tanto repetirse dejan de conmocionarnos, empezamos a acostumbrarnos peligrosamente a recibir como inevitable que las estadísticas aumenten cada año, a pensar que las leyes van a hacer lo que no hacemos nosotros, a olvidar que esas tragedias son nuestra propia tragedia, nuestro fracaso como sociedad. Detrás de cada una de las 61 fallecidas en lo que va de año, no hay sólo un drama sino una persona real que alguna vez estuvo viva. Y que si ya no lo está es porque ninguno de nosotros le ayudamos: los que lo sabían, los que decían que era un asunto privado, los que le aconsejaron que mejor aguantar, los que no querían problemas, los que ironizan, los que “sólo” gritan a sus parejas…

El asesinato de una mujer es el final de una larga cadena de otras agresiones, insultos y vejaciones pero también de indolencias, pequeñas faltas de respeto, subestimaciones, menosprecios. Seguimos en una sociedad donde se trata mal a las mujeres. En diferentes grados. Y los primeros maltratos, que no los más pequeños, se asumen como normales. Cuando un articulista muy leído y bajito bromea continuamente que ahora ya no se puede hablar mal de las mujeres por culpa de la corrección política; cuando celebramos con risotadas al compañero de trabajo, aparentemente inofensivo, que cuenta con detalles chispeantes cómo engaña a la ogro de su esposa; cuando engañar a alguien es sinónimo de encamarse con otro y no de falta de lealtad; cuando se asume que hay que preocuparse más con lo que hagan las hijas que los hijos, cuando salen; cuando se manda callar a la pareja diciéndole que de eso tú no entiendes; cuando hay tantas mujeres que dudan por sistema de la capacidad de otras mujeres…Para combatir la violencia de género hay que empezar por denunciar su contexto.

Las importantes reclamaciones de distintas asociaciones de mujeres de Cádiz, que el Pleno municipal hizo suyas concretando esa unidad, incluían una llamada a la implicación de los hombres contra la violencia de género. No estamos ante una guerra de hombres contra mujeres, sino de todos contra las malas personas que agreden, tengan el sexo que tengan, pero sin olvidar que el 95 % de los que ejercen malos tratos son hombres. Los violentos tienen que sentir el aislamiento y el rechazo de los otros hombres. Pero no basta. También los hombres insensibles, perezosos, indiferentes a las formas sutiles de agresión, deben abandonar la tibieza. Nada de comprensión ni de complicidad masculina. El cómplice coopera en el delito.

Sólo acabarán las agresiones cuando, desde la educación, se consigan relaciones entre iguales. Es necesario transmitir que ese cambio justo es beneficioso para todos. También para los hombres. Desde 1999 lo hace el programa Hombres por la Igualdad, de la Delegación de Igualdad y Salud del Ayuntamiento de Jerez, experiencia única en España. Tienen un discurso positivo: que alguien esté con nosotros sólo por afecto, no por conveniencia u obligación. Si es cierto que la mayoría de los hombres tenemos mayor calidad de vida que las mujeres, también vivimos menos por culpa de los llamados hábitos masculinos, que obligan a la competición permanente sin muestras de debilidad. Hay que cambiarlos. No ser unos inútiles domésticos ganando autonomía personal para ser capaces por nosotros de vivir en una casa limpia y darnos de comer y vestirnos solos, disfrutar de una paternidad presente y no virtual, no avergonzarnos de mostrar cariño, admirar a otro, sobrevivir a las pequeñas derrotas. Y poder compartir, pacíficamente, todo eso con alguien.

Artículo publicado en "La Voz de Cádiz" el 28 de Noviembre de 2006

22:58 | ruiztorres | 0 Comentarios | #

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