Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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EL CASTILLO DE SAN SEBASTIÁN


En torno a la celebración del 2012 se ha abierto una interesante polémica sobre las necesidades culturales de la ciudad de Cádiz y la dotación de equipamientos para cubrirlas. Aunque las prisas nunca han sido buenas para planificar, las expectativas de llegar a disponer de recursos económicos suficientes, a través de la Comisión Nacional, parece que aceleran la terminación de proyectos tan poco pensados que es imposible que salgan bien. Para entendernos, el Bicentenario no es un concurso televisivo que gana el que consiga gastarse el presupuesto en menos tiempo. Hay que detenerse en saber qué nos hace falta, preguntarnos dónde lo pondríamos para que nos sirva mejor sin estorbar lo que hay y, sólo después, pedirlo. Lo que se pide razonablemente es más difícil de denegar. ¿Es razonable hacer, como quiere el Ayuntamiento, un Guggenheim en el castillo de San Sebastián?. Creo que no.

No me parece mal la inclusión de elementos muy modernos en un contexto histórico. Lo sorprendente puede resultar hermoso si se realiza con respeto a la historia. El Museo del Carnaval, de diseño vanguardista, enclavado en plena Viña, la rejuvenece y revitaliza. Pero es un edificio nuevo. El propio museo bilbaíno, que ahora se quiere imitar, se ha construido como parte de la rehabilitación de una ría degradada que hoy es lugar privilegiado de paseo. Creo, incluso, que Cádiz necesita iconos de modernidad que expresen su voluntad de no estancarse y de seguir abierta a las ideas de progreso, al arte y al humanismo. Lo que ha sido siempre. Pero creo que eso no lo representa la construcción de un postizo moderno sobre un monumento histórico. No hablo de estética, que podrá gustar más o menos lo que se haga, sino de respeto. Sabemos que cada nueva civilización ha construido sus símbolos de poder, religiosos o civiles, sobre los de las civilizaciones anteriores, a las que vienen a sustituir. Era la forma de expresar que el nuevo orden nacía de la aniquilación y el olvido del viejo. Eso mismo ha pasado en esta pequeña isla frente a la Caleta, que antes fue, dicen, templo de Kronos, sobre el que se construyó una torre atalaya musulmana, sobre la que se construyó después una ermita cristiana dedicada a San Sebastián, cuando los venecianos se refugiaron allí de la peste; y, más tarde, después del saqueo inglés, sobre esta ermita se construyó a su vez el castillo del mismo nombre que controlaba la Caleta y el paso sur hacia la Bahía; y dentro del castillo se construyó, siglos después, el faro, el segundo eléctrico de España. Construir ahora sobre el castillo repite ese gesto de considerar inservible lo que hay y de cierto menosprecio por la historia. Cuando todas las actuaciones en patrimonio buscan recuperar lo que está a punto de perderse, destapar los lienzos de las murallas ocultas, enseñar el pasado, aquí se opta por cubrirlo con planchas de acero inoxidable, impactantes eso sí, para buscarle una utilidad dudosa.

Ahora empezamos a ver como era el castillo de San Romualdo, en San Fernando, muestra única en España de los ribat islámicos, tantos años cubierto por costras de cal y anuncios publicitarios que el sólo anuncio de su restauración fue objeto de burla para muchos. Hasta ese punto se había enterrado la historia local. El rotundo éxito de la Casa del Obispo estriba en su capacidad didáctica de mostrar los distintos estratos de la historia gaditana. La misma existencia, restaurada por supuesto, del castillo de San Sebastián ya reporta suficiente utilidad. Y habría que destapar la historia sucesiva de esa pequeña isla que dejó de serlo en el siglo XIX cuando se construyó el primer malecón que la unió a Cádiz. Para convertirla en referente turístico propio, no en auditorio. Por historia. No sólo porque incumpla la ley de costas, o haga falta un tranvía por el malecón para trasladar a los espectadores, o se deba construir en el mar otra salida de emergencia, es decir, medidas todas que requieren rellenos y modificar el paisaje de la Caleta, sin decirlo. Habría que buscar otro emplazamiento. El auditorio debe hacerse, pero donde no sea una agresión. En Santa Bárbara.

Artículo publicado en "La Voz de Cádiz" el 24 de octubre de 2006

18:52 | ruiztorres | 1 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Pablo Fecha: 2006-12-19 00:57

Muy correcto el artículo, un elemento vanguardista en el castillo de San Sebastian rompería la estética armoniosa y tan alabada como es la de la Caleta, piropeada por Alberti, Paco Alba, y tantos otros poetas que lleva cada gaditano en su corazón allá donde se encuentre.

Debe restaurarse tal monumento, en unos años hacia acá sufre un deterioro inexorable y sería ahora momento adecuado para acondicionarlo, convertirlo en un museo más que enriquezca la vida social, la historia, el arte y ponga de manifiesto el amplio patrimonio cultural del pueblo gaditano.

Deben abrirse las troneras de nuestro San Sebastian y hacer rugir las salvas cañoneras por sus portones, pregonando al viento de levante que esto es Cadiz.



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