Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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BAJO PAR


Si se fijan, todos los nuevos campos de golf tienen a alguien que acuse de especulador a quien lo promueve. En todo el espectro político. A los partidos, curiosamente, les parecen cercanos al delito los proyectos del adversario pero generadores de empleo y riqueza local los que ellos mismos promueven. No se mide con el mismo rasero el valor paisajístico de las riberas del Guadalquivir, en el proyecto de IU en Trebujena, que el de la finca forestal de El Imperio, en El Bosque. Igual que el PP ve muy raro que un promotor construya un campo en Benalup pero no que otro quiera hacer lo mismo en Bornos. La doble vara. Salvo los ecologistas, a quienes no se les puede negar la coherencia de estar contra todos los campos y casi contra todas las nuevas urbanizaciones, lo que les lleva al exceso megalómano de acusar de especuladores nada menos que a 32 de los 44 municipios gaditanos, que es tanto como garantizarse la desconfianza general y que pasen desapercibidas, en ese zafarrancho, muchas denuncias fundadas.

Para no confundirles yo mismo, tengo que aclarar que el golf me parece algo antipático y que dudo mucho que se le pueda llamar deporte cuando sus practicantes se mueven en cochecito eléctrico y es otro, el cady, el que le lleva los palos. En sentido laxo, a este tipo de empleos los incluyen en el sector servicios. Pero este desagrado personal no supone un rechazo a que se construyan ni menosprecio a su valor económico. Pero que no nos engañen. Una cosa es el campo en sí, como instalación deportiva cara, y otra el que se aprovechen para crear pequeñas ciudades paralelas, sin organización ni servicios, con la excusa de que sirven de segunda residencia. Ni ésta puede ser una infravivienda (en servicios), por muy cara que sea, ni se debería fomentar públicamente el abandono de los cascos históricos por quienes confunden modernidad con adosados. Sospechosamente, cuando se ha querido regular, mediante un futuro Decreto de la Junta todavía discutiéndose, para separar lo deportivo de la construcción, los promotores han anunciado el fin del negocio, la paralización de nuevos proyectos. ¿No eran los turistas, extranjeros sobre todo, quienes los hacían rentables?.

Hay una tendencia a regular la actividad para hacerla compatible con otras riquezas. Por desgracia, no es unánime. En el citado borrador de Decreto, que fija la densidad y el tamaño de los edificios u obliga a usar siempre aguas depuradas o desaladas, se lleva trabajando tres años. El presidente provincial del PP, Loaiza, que criticó en agosto este borrador por considerarlo dañino para el turismo, se declaraba partidario de restringir pero no de impedir nuevos campos. Como eso es lo mismo que se propone la Junta aún esperamos que nos explique con qué medidas concretas no está de acuerdo, que aporte propuestas. Hay más normas o proyectos. La ley de Ordenación Urbanística de Andalucía prohíbe construir cualquier promoción de viviendas sin los suficientes equipamientos de servicios (centros de salud, escuelas, transportes, etc.). Y en el Plan de Ordenación Territorial de Andalucía, ahora discutiéndose en el Parlamento, se busca que sean una excepción los desarrollos urbanos desvinculados de los núcleos históricos que, en todo caso, deberán disponer de recursos de agua y energía adecuados. En la urbanización de zonas turísticas dará prioridad a la integración en los núcleos urbanos existentes y favorecerá los proyectos que consuman menos suelo y produzcan más riqueza. Al hablar de los campos de golf pide que se les considere por su propio valor añadido, “con total independencia de las promociones inmobiliarias asociadas”. Creo que en todo esto está el modelo a seguir. En la cohesión de lo nuevo con lo histórico.

Ni una condena general a los campos de golf, con su infraestructura hotelera necesaria, ni permitirlo todo, incluso los proyectos intolerables, bajo el chantaje de una supuesta creación de empleo. En algunos casos esos empleos impiden crear otros tan poco explorados aún como el turismo patrimonial, por ejemplo, que huye de lugares degradados por la uniformidad y busca precisamente lo singular. Ambos turismos podrían coexistir. Sin demagogias.

Artículo publicado en "La Voz de Cádiz" el 10 de octubre de 2006

21:59 | ruiztorres | 0 Comentarios | #

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