Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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MESTIZAJE

Y usted se preguntará qué vaina es esa de quedarme de noche en cueros en la balconada, a seis grados, y la mala suerte de que fuera a verme allí el conchudo argentino al que le ponía los cuernos con su señora novia, que es un bizcocho, sea dicho de paso. Pero sí, eso hay que barajarlo más despacio, como que sepa quién llamó al bolillo, la policía le dicen acá ustedes, que apareció allí de papayita y que fue quien terminó con el asunto y lo dejó en que no ganara nadie, ni para el cornudo ni para mí, los dos haciendo el oso a manotazos para acabar con los papeles de la expulsión del paraíso en el bolsillo. Por una niña, sí. Habrá razón más poderosa.

Ya le pasó a Adán con Eva. Que así mismo se llama la bolivianita a la que le eché los perros y ella me respondió a esa vaina, vaya si me respondió la niña, con el novio a punto de llegar de la venta de collarcitos por las discos y todo, y se me fue al cuarto hecha una gata cuando vio que yo iba por derecho a por ella, que si estaba allí con los compañeros de la obra formando grupo de música rapera, nada de morenada ni charango, no era porque yo me hubiera empiñatado con los indios sino por ella, que nada más verla me pregunté cómo había llegado a esta Algeciras tan distinta a la que dejé en Colombia esa corderita del altiplano y, al momento, ya estaba yo viendo de entrarle, pero entrarle a base de bien, que me puse como picado por la Machaca con esa mamita que está como plátano con queso.

Ese sábado, como todos los sábados desde que llegaron, hacían fiesta en su casa de la calle Aníbal, un bloque de dos plantas que fueron despoblando los españoles, menos el viejito verde del bajo, que asoma la cabeza por la puerta en cuanto escucha ruido de tacones. Así que son seis casas, las dos de los bolivianos, la de los chinos, la del viejo, la de los argentinos donde vive el cornudo y la de los marroquíes, que son los únicos que la compraron y son ahora los presidentes del bloque. Aquello parece la ONU porque, si se encuentran en las escaleras, no se saluda nadie. Ese pique que hay entre las naciones. Menos los chinos, que esos sí saludan pero no salen nunca y no puedes por eso cruzarte con ellos, por lo que los indios de la obra le dicen los invisibles, y pensaron llamar así a su grupo pero les pareció poco contundente y prefirieron ponerse Jach´a que, en aymara, por lo visto, significa muchedumbre, y también grande, y hasta recio, todo a la vez, para ahorrarse palabras. Que a eso sonaban, a bien burro, como si se la pasaran todo el rato tomando caldo de mico para alborotarse.

Pero yo, a lo mío, a lo de la pibita. Los sábados se juntan las dos casas para hacer fiesta, la de los albañiles indios y la de las mujeres que cuidan viejitas tiranas, internas toda la semana en casas que no son suyas. Ellas preparan picante de pollo y beben cerveza, y ellos casi se ahorran la comida porque de las birras pasan directamente al Dyc, mientras se calientan las manos aporreando unos timbales. Esa noche, la del despelote mío le digo, a las doce en punto subió el moro Kasem para quejarse de la música. Yo mismo le dije que no había música, y era verdad porque lo gordo no había ni empezado, sólo los tambores. Más claro no canta un gallo que aquello no era música. A la segunda botella, se le metió una trompeta. Y ya se entró el grupo a improvisar letras sobre los peligros de la construcción, sobre los capataces, sobre la paga miserable. Ahí fue que vi que la Evita, que tiene ojos de águila, se dio cuenta que yo estaba chinche con ella, venga que te pego con el palique. Y ella siguiéndome las cartas, echándome carreta.

A la una subió otra vez Kasem para armar bronca con lo del ruido y con que tenía que trabajar al día siguiente. Porque esta gente no respeta ni el domingo. Así que alguna de las mujeres, para pararlo, bajó el aparato de música, que también estaba encendido para acompañar la vaina tan buena aquella, y lo volvió a subir nada más el otro se fue a su casa. Que, en seguida, retumbaron otra vez el bombo y unos platillos que no sé de que olla salieron. Y la Evita venga a gallinacear conmigo, a menearse delante mía, como si la bronca que cantaban los indios fuera un puro merengue. Yo me salí del grupo a bailar con ella. Primero como el cascabel que se anuncia y, en seguida, ya de las manos para que no se me fuera del cerco, y ya en muy gallo para que no le quedara duda, así durante un rato bien largo. Detrás mía, cada vez más lejos, porque ya que nos íbamos para el cuarto, los tambores le daban sacudidas a la casa, como en un terremoto chiquito de esos que mueven las lámparas pero dejan el suelo en su sitio. Y, en esas, que se oyen a los compañeros del piso del cornudo, argentinos de las montañas, gritar que la cuadra se viene abajo y que nos fuéramos a tomar donde nuestra señora madre, a lo que nadie hizo caso, pues a los indios no les gustaba nada que los otros fueran por la vida de europeos y los trataran como limosneros. Así que más que subieron los redobles y los trompetazos. A mí, como ya estaba chévere, me importaba un chimbo todo aquello. Ni los oía. Tampoco el bum-bum que se repetía en el suelo, como si formara parte de la percusión, y que alguien había reconocido como un palo de fregona golpeando el techo de los vecinos de abajo, los chinos, quejándose.

Yo a lo que estaba era a empezar el Chirilí cuanto antes y me encerré en la jaula con mi Evita. Y así fue que, en cuanto me quedé totalmente en cueros, ni empezar había podido, escuchamos las sirenas de la policía, a la que alguno de ellos había avisado. Aquello fue la estampida de los sin papeles. Según supe luego, cada uno se buscó una cueva, unos en un armario, otros bajo la cama, yo en el balcón, cerrado por dentro. En todas las casas debió pasar lo mismo. Las dos mujeres que sí tienen papeles les abrieron a los tombos con caritas de palomas de la paz. Pero no buscaban llevarse a nadie sino venían sólo por lo del ruido, así que en cuanto se dieron por enteradas, como la hembra tira mucho, los de la patrulla les aceptaron tomarse allí una espumosa, dejándome a mí al relente toda una hora en el balcón, lo justo que tardó en llegarles otra denuncia.

No había perdido de vista aún su carro cuando veo llegar, hecho un tití, al cornudo que me señala con el puño, diciendo que le avisaron de mí. De cuatro en cuatro debió subir los escalones, que no me dio tiempo ni de pedir que me entrara Evita otra vez al cuarto. Allá que el bejuco se lanzó contra la cristalera, rompiéndola allí mismo, para caerme encima, tan largo como flaco era. Yo no lo quería torear pero si no quería que habláramos el asunto de hombre a hombre habría que tratarlo como machos, y allí que le arrié en la boca de pregonar collarcitos. Que él respondió con un rodillazo allá donde quería cobrarse esa culebra. Yo no iba a comerme ese pavo y le agarré el cuello, idea que me copió enseguida el tío boleta. Evita nos golpeaba a los dos con un jarrón que acabó en la calle, le daba a uno cada vez, como si no se decidiera de bando. Al momento ya estaba otra vez el patrullero a las puertas de la casa. Y esta vez nos llevó a los dos con las manos a la espalda. Ya en el carro, más calmado, y porque los dos nos íbamos del paraíso y ya daba todo lo mismo, le pregunté cómo supo. Y él me dijo que lo llamó un gallego al celular. Recordé al viejito celoso asomado a la puerta, no mirando cómo los policías nos llevaban presos, como hacía todo el bloque, sino mirando hacia arriba, al rellano de la escalera, a las piernas bien lindas de las bolivianas que nos despedían, no sé si para siempre.

[Publicado en la revista "Costa Cultural" de Enero de 2006/]

18:55 | ruiztorres | 5 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Zifra Fecha: 2006-04-28 19:55

te ha salido duplicado

y me ha encantado (las dos veces ;-)



2
De: MRT Fecha: 2006-04-28 20:42

Lo corrijo. Y gracias. :-)



3
De: JESSIKA Fecha: 2006-09-01 04:33

ESTAN CURADAS OK



4
De: Delojuly Fecha: 2017-01-26 13:42

Gracias. Sobre el ruido de los tacones:

https://www.adslzone.net/postt308076.html

https://coabdm.wordpress.com/2014/02/06/por-favor-controla-el-ruido-de-tus-tacones-en-la-biblioteca/



5
De: Delojuly Fecha: 2017-01-26 13:52

Más sobre el ruido de los tacones:

http://www.buscaremedios.com/ver_remedio.phtml?cod=3562

http://es.ideas4all.com/ideas/99262-obligatoriedad_de_zapatos_silenciosos_en_hospitales



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