Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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FRAUDE SOCIAL



Ha tenido el escándalo del fraude de las pensiones el suficiente morbo de nombres conocidos como para apoderarse de las conversaciones cotidianas, tan dadas a los juicios de valor y a condenar o absolver comportamientos por pura simpatía con quien los cometa. La parcialidad se da mucho entre políticos, pero se habla menos de ella cuando la aplican ciudadanos anónimos, siendo el pueblo tan gustosamente parcial, cuando no injusto, en sus sentencias. Llegamos a acostumbrarnos a que Antonio Sanz considere sospechoso que un presunto implicado en esta trama coma en una venta con el presidente de Diputación pero no se extrañe en absoluto que el mismo señor haga negocios en Ubrique, donde gobierna en coalición su partido. Igual que ya sabíamos que las ramificaciones en la provincia del caso Marbella se condenarían o se olvidarían según el color del Ayuntamiento que negoció con los empresarios, en principio impolutos inversores interesados en el municipio. Que digan: “fatal lo de Jimena, pero comprensible lo de Sanlúcar”. O viceversa. Algún comentarista político que ahora se escandaliza con Marbella la ponía de ejemplo de desarrollo frente a la Andalucía subsidiada del interior, la de Chaves, acusaba no hace de eso ni dos meses. El pueblo llano, que ahora tilda de sinvergüenzas a quienes van saliendo, le dio siempre trato de personaje simpático a Jesús Gil, hasta cuando terminó en la cárcel, y su entierro fue retransmitido como el de un héroe popular. No se extrañen si le surgieron imitadores. Difícilmente puede haber arrepentimiento si se piensa que no hay culpa. Pero esta actitud de parcialidad, muchas veces con cambios de una opinión a la contraria, llena de contradicciones, vicia los juicios. Si atiendo sólo a lo que oigo cerca mía, la señora Campanario ya ha sido popularmente condenada. La presunción de inocencia sigue siendo la asignatura pendiente de un pueblo que sigue creyendo ese pesimista piensa mal y acertarás. El despliegue de conexiones en directo con los juzgados de los programas de famosos sólo puede explicarse por el entusiasmo con la que el pueblo verifica que los ricos también lloran, entre la compasión por las desgracias del poderoso y el rencoroso ajuste de cuentas social, que tantos efectos balsámicos debe producir en el respetable como tan poco edificante me parece. Con esa actitud, lógicamente nadie se da por aludido. Porque si algo queda claro de la trama es la abundancia de clientes, personas “normales” dispuestas a defraudar al Estado. No terminamos de creernos que Hacienda somos todos.
Hemos pasado de ser el único país del mundo con más inválidos que jubilados, en el franquismo, a que uno de cada tres se jubile por incapacidad, cifra todavía sorprendente. O a que la tasa de invalidez de las empleadas de hogar, hace diez años, fuera mayor que la de la minería del carbón, como si la escoba acarreara más peligros que la silicosis. En una operación contra el fraude, durante el 2004, la inspección del INSS citó a 80.000 enfermos de baja laboral para una revisión, de los cuales 20.000 se dieron de alta al recibir la citación. Todos conocemos quien hace ostentación de fingir depresiones, lumbalgias o fibromialgias, dolencias difícilmente demostrables salvo por el dolor que siente el enfermo. Su estafa (simple picaresca, para la mayoría) suponen millones y cada vez más pérdidas de protección para los enfermos auténticos, sometidos a sospecha y descrédito. Un cruce de datos, en 2005, descubrió que 86.000 personas estaban afiliadas a la vez a MUFACE y a la Seguridad Social. Demasiados olvidos. Como usar las recetas del jubilado para toda la familia. También conocemos inválidos reales que fingen una mejoría para incorporarse y, a los días, conseguir una baja temporal, más rentable. Los que convierten accidentes domésticos en laborales. Y los que anuncian a los compañeros el día exacto de su alta, poco antes de sus vacaciones. No los denuncia nadie. Por mal entendido compañerismo, por simpatía, porque el Estado les parece la patronal, por no meterse en problemas. Muchos de estos listos estarán viendo el caso de la compra de pensiones como si no fuera con ellos. Indignadísimos.

Artículo publicado en "La Voz de Cádiz" el 11 de Abril de 2006

21:11 | ruiztorres | 0 Comentarios | #

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