Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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EDUCADOS


No se ha publicado aún cierta noticia sobre cómo ocupan su ocio en Cádiz algunos adultos y que quizás sea el mejor retrato de esta época que vivimos de desconcierto y manipulación general básica, del nivel de la educación primaria, en la que los mismos que dicen defender los intereses de España prefieren que una empresa alemana se quede con nuestros recibos de la luz antes que una catalana o, ya en plan local, se acusa a la Junta de negligente porque no declaran a Cádiz patrimonio de la Humanidad, como si el papel autonómico no fuera más que el de llevar la solicitud del aspirante al Consejo de Patrimonio Histórico, que es quien decide, y que ya fue advertido por la UNESCO, en el 2000, de que sólo les presente un proyecto por año, desde que tiene preferencia la protección de los patrimonios más amenazados del Tercer Mundo. Como ahora mismo hay 23 proyectos españoles por delante, y desde la restricción sólo se han inscrito otros 2, calculen cuántos años harían falta para conseguirlo para Cádiz, y si no está tomando el pelo a los gaditanos quien lo pide para el 2012. Unos y otros, -españolistas, autonomistas o municipalistas-, apelan al corazoncito que nos identifica con nuestra tierra y se aprovechan de la falta de formación del ciudadano. Es el Estado, en el nivel que le corresponda, quien debe procurar los medios para que todos accedan a esa educación. Pero eso no excluye la responsabilidad del ciudadano de mejorar su educación, tanto de conocimientos, si no quiere que lo engañen, como de comportamiento cívico, para poder exigir lo mismo que él dé a los demás. Suponiendo, claro, que para poder quejarse haya que tener razón. Que ya sabemos que no siempre ocurre.
Me enteré que algunos adultos en Cádiz (supongo que también en el resto del mundo) utilizan los parques infantiles cuando éstos han cerrado para los niños. A partir de las nueve de la noche, respetabilísimos cuarentones y cincuentones entran en las instalaciones de colchones hidráulicos, las piscinas de bolas y los toboganes de vértigo para dejarse llevar por esa regresión a la infancia que incluye gritos de satisfacción, descarga de adrenalina y, eso sí, ingesta de cubatas, porque la pérdida de la conciencia no llega a ser nunca completa. Calificar este comportamiento como infantil no deja de ser una descripción, nunca un juicio. Cada cuál puede hacer de su capa un sayo siempre que su libertad no produzca víctimas. Los niños, horas antes, ensayan en ese inofensivo escenario sus roles de adulto (el agresivo, el miedoso, el corrillo juicioso de las niñas, el devoratartas) sin saber en qué se convertirán finalmente, en esa mezcla de incertidumbre e ilusionada expectación que es la infancia. Si muchos adultos sienten la necesidad de hacer de niños, es decir, volver a algo que ya fueron pero sabiendo cómo termina la película, o no terminan de estar satisfechos con lo que son ahora mismo o no han dejado de ser niños en muchos aspectos. Esta inmadurez, no muy distinta a la falta de un criterio propio en otros adultos que jamás pisarían un parque infantil, podría explicar muchas cosas. Desde que la ciudad que más se canta a sí misma como la más hermosa del mundo esté siempre tan sucia y, como los niños cogidos en falta, le eche la culpa de eso no a su indolencia sino a quien no le pone instrucciones a los contenedores o a quien escamotea las papeleras. Si es costumbre atravesar las calles por donde nos da la gana, salvo que se pinte toda la avenida de paso de cebra (y espero que nadie me copie una medida tan popular), siempre parecerá insuficiente. La culpa, no lo duden, será siempre de otro. Les están enseñando eso. Y parece que funciona, con movimientos de adhesión en masa a quien diga la barbaridad más grande. Pero hay también una esperanza en esos que hacen el gamberrete saltando sobre las colchonetas cuando no los ve nadie. Si ahora reivindican el recreo igual, en el mismo salto atrás, quieren volver a aprender lo que olvidaron.

Artículo publicado en "La Voz de Cádiz" el 28 de febrero de 2006

18:59 | ruiztorres | 0 Comentarios | #

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