Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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PROHIBIDO FUMAR


Como saben, acaba de aprobarse el proyecto de ley antitabaco. Aunque sea incorrecto decirlo, esa ley me parece hipócrita, poco conciliadora, generadora de conflictos, peligrosamente prohibicionista y, lo que quizás sea peor de todo, inaplicable. Tengo claro que fumar atenta contra la salud del que fuma y que, en la medida en que afecta también a quienes están cerca suyo, se debería limitar su consumo, dentro de las obligaciones que cualquier autoridad (en este caso, sanitaria) tiene de proteger a todos de los efectos no deseados de cualquier actividad privada. Pero ese límite, como todo lo que restrinja cualquier libertad personal, no debe ir más allá de la estrictamente necesario. Y, desde luego, ser coherente. Parece bastante hipócrita que a la semana de aprobar un Decreto Ley que sube el alcohol y el tabaco para financiar la sanidad, se prohíba prácticamente su consumo. O ya se sabía que esa subida no va a solucionar nada, o se cuenta con que la prohibición no va a disminuir el consumo. Tampoco parece muy congruente con la pregonada defensa de la salud del fumador el excluir de la sanidad pública tratamientos para dejar de fumar, “por no estar probados científicamente”, a pesar de que se permite su comercialización. Esta ley exige una curación pero no facilita los medios. Y plantea un debate trascendental: ¿hasta qué punto el Estado puede obligar a alguien a curarse, si libremente esa persona no quiere curarse?.
Otro asunto, el que provoca más controversia, es el de los llamados fumadores pasivos. Está demostrado que el tabaco afecta a su salud, y es deber del Estado protegerlos. Pero también debe hacerlo con los fumadores, entendiendo el concepto de salud en su sentido más amplio, en el de bienestar, incluyendo la salud mental y emocional: ¿Qué costes en salud va a suponerle a los fumadores la ansiedad de no poder fumar?, ¿se consideran los perjuicios pulmonares y cardiacos del aumento de peso de los ex-fumadores?. Porque la ley parece que no trata una enfermedad sino un vicio. ¿Por qué no se aplica la misma prohibición absoluta a otras enfermedades pasivas?. Están demostrados los gravísimos efectos sobre la salud de los gases de escape de los vehículos a motor, pero nadie se plantea, por supuesto, su prohibición. Tampoco controlar los arsenales químicos domésticos, tan potencialmente cancerígenos como el tabaco y que, sin embargo, no movilizan a nadie. Cada temporada, millones de nosotros nos convertimos en refrigerados pasivos en el trabajo, o en un ambiente tan cerrado como un autobús, y arrastramos una sensación de catarro permanente, del que nadie nos protege. En invierno, son las calefacciones. Ambos multiplican y diseminan agentes infecciosos, algunos tan graves como la legionella. Nadie defiende, en estos casos, su derecho a ser intransigente. ¿No estaremos, en el caso del tabaco, entendido por tantos como vicio, ante una intolerancia moral?.
La ley elimina las Salas de fumadores en las empresas, obligando a salir a espacios abiertos para fumar, si lo permite el empleador. Eso, además de frustración y pérdidas de rendimiento, ocasionará conflictos a la hora de regular esos permisos de salida. Estudios del CISS cifran la pérdida de productividad de cada trabajador que deba bajar reiteradamente a la calle en 28 días y 2000 euros al año. ¿Quién asumirá esas pérdidas?. Ya en Estados Unidos se despide, o no se contrata, a los fumadores. ¿Esta ley va a crear una nueva discriminación laboral para la población que todavía fuma, calculada entre el 35 y 45 % ?.
Con una minoría tan significativa se entienden las protestas de la hostelería, encargados, nada menos, que de impedir la entrada a algunos clientes, segregar a otros y vigilar el comportamiento de los que están dentro, sin contemplar ninguna alternativa al tabique separador, como podría ser la ventilación ionizante. ¿No era más razonable buscar la autorregulación y el sentido común de los fumadores?. El resultado, de tan exagerada exigencia, será que se incumpla de forma generalizada, aunque oculta. Renunciando a la pedagogía, a la mutua tolerancia, no se convence a nadie. Se eligió, en cambio, la cruzada.

Artículo publicado en "La Voz de Cádiz" el 11 de octubre de 2005

17:48 | ruiztorres | 1 Comentarios | #

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De: ANA RAMOS Fecha: 2005-12-15 00:42

TRISTEMENTE SIGO FUMANDO



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