Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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UN MATRIMONIO POR LO CIVIL

El anuncio de que el PP va a recurrir ante el Tribunal Constitucional la ley que permite el matrimonio entre homosexuales vuelve a traer a la actualidad un tema que el uso pacífico y sin conflictos de esa ley parecía haber apaciguado. De esa ley me interesa, sobre todo, la solución de conflictos personales y cómo una sociedad cada vez más permisiva consigue, con el tiempo, dotarse de leyes más respetuosas. Aunque las encuestas hablan de que dos de cada tres españoles son partidarios de que los homosexuales puedan regularizar sus relaciones, ese porcentaje baja si esa legalización se realiza con la institución y la palabra matrimonio, y desciende aún más si implica el derecho de adopción. Es en ese margen donde se refugian las críticas de quienes, no queriendo parecer intolerantes, presentan batalla en la defensa del uso exclusivo para los heterosexuales de la denominación matrimonio. Ahora volvemos a vivir los anuncios de una guerra (mediática, religiosa, constitucional) por una palabra. Pero no es sólo una palabra.
Quienes proponen llamar de otra manera al matrimonio entre homosexuales están diciendo, sencillamente, que piensan que esa unión es otra cosa. Para situaciones distintas, palabras distintas. Esta idea parte de una confusión, todavía muy extendida, entre el matrimonio civil y el católico. El civil tiene el valor de un contrato público establecido de mutuo acuerdo entre dos personas para vivir en común, con una intención duradera y estable. Nada más. Ni siquiera entra a apreciar los motivos de ese vínculo que, en nuestra época, suelen ser amorosos. ¿Qué parte de lo anterior incumple una pareja que quiera legalizar, con todas sus consecuencias, su vínculo y que, además, (pero sólo además) es homosexual?. E, incluso hipotéticamente, ¿qué impediría que esa unión civil fuera de más de dos personas, admitiendo la poligamia, como piden los musulmanes, de acuerdo con su religión?. Otra cosa es el matrimonio católico que considera esa unión un sacramento, un signo de santificación interior que Dios obra en las almas que lo reciben, y que debe cumplir unos requisitos. Y sería asunto de la Iglesia Católica explicar a sus fieles las razones que impiden que algunos católicos, por homosexuales, no puedan perfeccionarse y acceder a este sacramento. Pero la Iglesia está en su derecho de negarles ese matrimonio. Lo que no puede es negarles, ni a ellos ni a los demás, firmar un contrato público. Esta obviedad no era tal hasta hace muy poco. Con el triunfo de Franco se derogó el matrimonio civil con efecto retroactivo, dando como no existentes los ya celebrados, lo que obligó a volver a casarse por la iglesia a muchas parejas. Durante todo el franquismo se implantó el matrimonio canónico como prácticamente el único posible, por la obligación que tenían los pocos que optaban por el matrimonio civil de someterse antes a un proceso de apostasía, que los señalaba como indeseables ante la dictadura. Sólo hasta la transición no se pudo optar libremente entre matrimonio civil o canónico. Entonces se realizaron importantes cambios en el sistema familiar que eliminaron situaciones que hoy nos parecen imposibles: el delito de adulterio, la aprobación del divorcio, la no discriminación de los hijos nacidos dentro y fuera del matrimonio o el fin de la desigualdad jurídica de los esposos.
Se habla de que el matrimonio entre homosexuales cambia el sentido que la institución ha tenido en la historia, con las funciones de procreación y cuidado de los hijos. Es cierto. Como ha evolucionado desde el matrimonio por compra o el concertado hasta el de libre elección, por amor, hace apenas cien años. Ahora se reconocen nuevas formas de familia, incluidas las parejas de hecho, donde la adopción (sobre todo internacional, aún cerrada a homosexuales) va a aumentar. Y ahí está el centro de la polémica, los niños. El derecho de los niños a conseguir que los cuide la mejor familia, sin exclusiones ni prejuicios. Muchos aún los tienen. Hay que llamar a las cosas por su nombre

22:41 | ruiztorres | 2 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Anónimo Fecha: 2005-10-02 17:06

esto no me sirve para nada



2
De: 000 Fecha: 2006-05-20 02:39

creo q los homosexuales en execo probocaria q todo el pais sea gay
si adoptan el sera como ellos y haci seguido por eso no tanto gay



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