Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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LOS POLACOS II. BAJO EL SOL

Lo primero que aprendí en Cádiz es que aquí amanece más tarde que en Polonia. Con los nervios del primer día de playa levanté a la tropa a las seis en punto, que es cuando tiré de la cama al flojo de Mikolaj, el único dormido, porque Edyta ya llevaba una hora retumbando el suelo con sus flexiones con palmada y la niña Wislawa se había pasado la noche berreando extrañando su cuna de Krakowa, había dicho la madre, antes de meterla en la cama con nosotros, para que así no durmiéramos ninguno, entre los gritos de la niña y el frío que pasamos con el aire acondicionado a tope soltando por las rendijas una ventolera digna de los glaciares en enero. Así que en cuanto empezó el desayuno de la Residencia ya llevábamos una hora los Walessa esperando en la puerta, todos los días los primeros en todo. Y cuando salíamos tenían que reponer de todo, porque los niños comiendo son la marabunta.
También a la hora de pedir los avíos de la playa, que arramblan con todo: sombrilla, sillas, mesa, palas, sábanas y colcha de la cama, almohadas. Menos protector solar, de todo. Yo me había traído un preparado natural contra las quemaduras, receta de mi santa matka, que además de harina debe llevar bastante sebo porque huele a matanza de cerdo pelín putrefacto, como cuando alguien se olvida algún trozo y lo encuentran los perros y a ti te da un asco tremendo de meter luego los perros en tu casa, pues así de mal olía aquello pero mano de santo con las quemaduras, que yo ya la había probado con las de cigarrillo, que todos los sábados me quemaba igual, después de hacerlo con mi Eliza, yo me fumaba mi cigarrito y me quedaba frito como un santo, con el cigarrito encendido colgando de la boca hasta que iba a apagarse en mi cuello o en el pecho, que me despertaba con un alarido y hasta los niños se despertaban y se asomaban a ver a su padre dando saltos desnudo buscando la crema y a la madre tapándose de la vergüenza y venga a decir éste hombre siempre lo mismo. Así que mientras todos montaban el campamento polaco para que Wislawa jugara a la sombra con todos los cubos y palas que había saqueado de la Residencia, yo me marché al agua entre una multitud de bañistas que se iban apartando a mi paso tapándose la nariz y llamándome Troi, que es una palabra que no he encontrado aún en el diccionario. Nada más meterme en el mar, la crema se fue disolviendo formando una mancha a mi alrededor, como si fuera un derrame de petróleo pero blanca como la nata agria, lo que aumentó mi aislamiento y el que algunos bañistas avisaran a una zodiac, que yo creía de Greenpeace al principio pero resultó ser de Protección Civil, que no sé muy bien lo que es pero debe ser casi lo mismo porque me sacaron del agua como quien levanta un bidón contaminante y después casi me fumigan en la arena a base de cepillo y manguerazo, lo que pondré en conocimiento de la OTAN nada más regrese. Al volver, horas más tarde, me crucé con mi Edyta que hacía sus carreras por la playa, llevándose por delante al niño o sombrilla que pillase su carril de línea recta; a mi Eliza vestida y tumbada dentro del campamento, que poco moreno iba a coger allí, junto a Wislawa, que hacía castillos de arena sin ventanas, como una arquitecta moderna; y, lo peor, a Mikolaj sentado a pleno sol jugando a la Nintendo. Rojo como una sopa de remolacha. No podía ni moverse. Parecía uno de esos romanos a los que les cayó el Vesubio entero encima y la lava lo hubiese dejado con los brazos doblados sobre la Nintendo para siempre. Una muestra actual de momia adolescente para la eternidad. Volví a Protección Civil y ellos lo desatascaron con una pomada que yo creo funcionaría como lubricante de tanques. También llamaron por megafonía a la niña que corría por la arena. La llamé yo mismo en polaco, inaugurando quizás un nuevo servicio de playa. Tenía que buscar una farmacia de guardia. En Polska vienen en los periódicos. Así que compré la gazeta, que aquí llaman el diario de la Voz, y pregunté cómo llegaba al Mentidero. En autobús. Pero encontrar quien te venda un bonobús aquí es más difícil que comerse una hamburguer que no sepa a vaca que pasó hambre, así que tocaba pagar. Casi catorce zloty cada vez, que el euro es bien ratero. Aprecié que es costumbre aquí no guardar cola sino esperar arremolinados en las paradas y correr a ver quién entra primero cuando llega el autobús. No dejo de aprender palabras nuevas. Por ejemplo, cabronaso. Durante el trayecto un hombre felicita a otro porque ha tenido un hijo, el cabronaso, y el otro le dice que él si que está hecho un cabronaso por las gachís con las que sale, y los dos se dan palmadas y se les ve a gusto. No deben trabajar juntos. En la farmacia no sólo nos dan la pomada sino que se la ponen al niño, que parece ya un tarro de vaselina. Tomamos el autobús en Diputación y, aunque allí sí hay una cola, yo le digo a los Walessa que hay que integrarse y, en cuanto llega, nos vamos todos corriendo a ponernos los primeros, como en el desayuno. Y ahí que no entiendo nada porque todo el mundo empieza a gritarnos guiris de mierda y a decir que nos colamos y se baja el conductor a pedir explicaciones y yo, por ser amable, le digo que es un cabronaso, y ahí que me agarra del cuello y ya eso no, delante de los niños no, yo le arreo y él me arrea más hasta que llega la policía y nos lleva a los dos a comisaría, con mi Eliza gritando detrás del patrullero, y yo que no entiendo la mitad de las cosas y el policía me pregunta si conozco a alguien y, entonces, me acuerdo de la tarjeta que me dio el taxista el primer día y se la enseño y resulta que es su cuñado Pepón, y lo llama y enseguida está allí para aclararlo todo y nos vamos a tomar un pelotazo, o doce porque se hace de noche, el conductor del autobús amigo para siempre, y el policía y Pepón, que me dice que otra vez coja su taxi, que sale más barato, y tiene razón. A ver cómo le cuento a mi Eliza que si llego borracho es para ahorrar algo en las vacaciones.

18:44 | ruiztorres | 3 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Anónimo Fecha: 2005-09-10 18:52

No estaría de más usar párrafos.

Aumentaría la legibilidad de los posts.



2
De: RM Fecha: 2005-09-10 19:03

Díselo a García Márquez o James Joyce.



3
De: Anónimo Fecha: 2005-09-10 19:04

No lo digo por la calidad del texto, sino porque pierdo fácilmente el hilo :-)



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