Los Peligros
Artículos, relatos, quejas, comentarios y advertencias, no necesariamente moralizantes, del escritor Manuel Ruiz Torres.

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EL MUSEO DE LAS CORTES DE CADIZ


































La semana pasada el pleno del Ayuntamiento de Cádiz solicitaba, al fin por unanimidad, celebrar una Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y poder ser, el año 2012, la Capital Iberoamericana de la Cultura. La capitalidad implica convertirnos en escaparate, en modelo a seguir, en referencia de un buen uso y gestión de la cultura. Me sorprende que, entre tantos proyectos como se lanzan para conmemorar la Constitución de 1812, nadie haya reparado en la modernización del museo que ya existe sobre las Cortes y Sitio de Cádiz, creado por Cayetano del Toro precisamente para celebrar el primer centenario. En estos casi cien años han cambiado muchas cosas: cerrado por la explosión, se reinauguró en 1964 como Museo Histórico Municipal y, tras diversas reformas, volvió a recuperar su antigua denominación en 1997, ya con las miras puestas en el Bicentenario. Esas reformas deberían haber afectado también a sus contenidos y a la forma de exponerlos, pero no fue así, y hoy el visitante que pretenda conocer algo de esas Cortes a las que parece dedicarse el museo se llevará un chasco. En estos años el concepto de museo ha evolucionado y su función ya no es sólo la conservación y protección del patrimonio que custodia sino que, también, tiene cometidos de comunicación con el público. Alejado de su origen etimológico como lugar de contemplación o casa de las musas es más, como obliga la ley de Museos de Andalucía, un “núcleo de proyección cultural y social, con una continua y decisiva función didáctica”. El actual Museo es un espléndido edificio, muy limpio y bien conservado, pero con contenidos desordenados o claramente distintos a los que anuncia. De sus cinco áreas sólo dos están dedicadas al periodo de las Cortes. Y, a pesar de su denominación, ninguna a la plaza sitiada, ni un plano con las defensas y posiciones del acoso francés. En la planta baja (que el folleto informativo anuncia como dedicada a antecedentes históricos, una verdad sólo cronológica puesto que ningún objeto de aquí sirve para juzgar los hechos a los que, se supone, está dedicado el museo) encontramos cerámicas precolombinas no datadas ni todas etiquetadas siquiera; un óleo de Julio César y otro de la conquista medieval cristiana; cuadros sin titular ni información de sus autores; ocho retratos de personajes, de los que sólo están identificados tres, pero nada nos informa de quiénes eran (se supone que el visitante no es un experto en historia de la ciudad); y un par de cañones y munición, sin más datos. Otras áreas se dedican a la batalla de Trafalgar o a una galería de personajes célebres. La sala dedicada a las Cortes incluye retratos, esta vez identificados aunque sin autor, de prohombres gaditanos y diputados doceañistas, otra vez sin filiación política ni breve explicación de su papel en todo el proceso constituyente. Una vitrina con armas, sin datar ni caracterizar, y otra con monedas, son la única aportación a “la vida ciudadana durante el asedio” que, según anuncia el folleto, íbamos a conocer aquí. La magnífica Maqueta del Cádiz de finales del XVIII está también huérfana de explicaciones y sólo podemos acceder a parte de su potencial si contratamos el servicio de “Cádiz Virtual”, de pago. Lo que era una buena iniciativa se convierte en un despropósito si se cobra. Ese aula virtual debería ser parte fundamental del museo, su explicación, y no un divertimento complementario, al que sólo acceden algunos y, además, parcialmente, sólo a la vida civil porque si se quiere conocer la parte militar hay que desplazarse (y pagar aparte) al torreón de Puerta Tierra, como si en una ciudad asediada no estuvieran interrelacionadas ambas. Eso es ponérselo fácil a los visitantes. E incumple el código deontológico del Consejo Internacional de Museos, ICOM, órgano consultivo de la UNESCO: los museos “tendrán que diferenciar claramente las actividades relacionadas con el saber y las actividades generadoras de ingresos”. Es urgente modernizar el museo. Una Capital Cultural no puede permitirse estos desvaríos.

23:21 | ruiztorres | 2 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Pablo Lata Fecha: 2005-04-29 01:10

Si me permite que añada una reflexión, debo comentarle que estoy preocupado por la progresiva mutación del terreno cultural en ámbito comercial. Otra consecuencia de este capitalismo agresivo que, pienso, no debería entrar en liza cuando de cultura se habla.

Es un tema que conozco, ya que tengo diversas amistades trabajando en varios museos del norte de España y, por lo que me cuentan, se trata simplemente de generar ingresos. De montar exposiciones de lo que sea, invitando a quien sea y promocionar una especie de "escena" cultural más allá de nosotros, simples mortales. O sea, montar un circo. Han conseguido convertir algo tan fresco como la vanguardia artística o tan necesario como la cultura en materia rancia y casi rechazable. Por supuesto, estos conocidos míos no tienen ni contrato laboral fijo; así la empresa, entidad u organización puede ingresar lo máximo posible.

No entro a valorar lo que comenta sobre la organización en sí del Museo en concreto, ya que no lo he visitado. Me basta con reseñar que existe una asignatura en Hª del Arte que versa sobre la materia (organización de museos) Cualquier Licenciado en dicha carrera debería tener los conocimientos y habilidad suficientes para hacer de un museo un lugar presentable. Pero claro, para que esto se materialize, hay que contratar y "aflojar la mosca".

Pues nada: ya hemos convertido la cultura en otro mercado, en otro vehículo de especulación o de chapucera generación de ingresos. Ahora, yo me pregunto... ¿a donde van dichos ingresos? ¿Quién se está pegando la gran vida a costa de todo esto? Son preguntas retóricas: conozco la respuesta.



2
De: MRT Fecha: 2005-04-29 18:37

Lo que se denuncia es precisamente ese montar la cultura como escaparate, da igual lo que se promocione. Ahora todo en Cádiaz gira alrededor de la celebración del segundo centenario de las Cortes de Cádiz, y los políticos se pelean por ver quien se luce más. Interesan proyectos nuevos, de esos que uno se puede colgar la medalla de Impulsor. Los que ya están, ni tocarlos. Me consta que los técnicos de este museo han elevado al político de turno las mismas quejas que aquí. Son profesionales y saben que lo que están presentando al público es una chapuza. Les dice que no hay dinero. Está cerrada la biblioteca, hay piezas sin exponer y para lo único que hay dinero es para contratar un espectáculo multimedia (que podría servir para explicar el museo) pero que se cobra aparte, que para algo es un espectáculo. Otro asunto es que buena parte de ese espectáculo esté dedicado a la vida religiosa en la ciudad en esa época, y nada a la intensísima vida social y cotidiana durante el asedio napoleónico y la elaboración de la Constitución de 1812.



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